
Pasa el tiempo y me hundo cada vez más. El lastre de mi mente me arrastra -cual piedra atada a mi pierna- hacia el fondo de un mar oscuro, un mar donde los rayos de luz llegan débiles y difusos. Allí sólo queda lugar para la vida interior, afuera las condiciones de vida son extremas. Me duermo entre mis sienes, y en instantes de lucidez creo encontrar la verdad última, creo conocerme a mí mismo. Pero todo es ilusión, todo es efímero, nada permanece como verdad inalterable, sólo estas palabras que tanto me pesan parecen no separarse de mí. Quizás un día me abandonen, quizás un día dejaré de ser yo, quizás ese día seré libre.
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