
Estaba sentado con su guitarra, sus dedos se deslizaban autómatas a lo largo del mástil y sus ojos se clavaban en una figura imaginaria. Su mente no era capaz de explicarse como todo lo que pensaba decirle cuando tuviera la oportunidad, se convertía en una impotente parálisis que lo atenazaba hasta lo más profundo. Eso lo hería profundamente, ese no era su verdadero yo. Ahora había cambiado la melodía, el sonido de las séptimas mayores inundaba la habitación y sus pensamientos volvían a hacerle sentirse seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario